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La prueba de la rana

No. No se trata de besar a un batracio para ver si se convierte en príncipe.

Es un ejemplo de cómo el ser humano, mediante el conocimiento científico, puede extinguir una especie.

La historia comienza en Sudáfrica a principios del siglo pasado, cuando se descubrió que inyectando la orina de una mujer embarazada a una rana africana hembra, ésta desovaba en unas horas. Así nació uno de los métodos más usados para conocer el estado de buena esperanza hasta que se inventaron los test de embarazo.

Pues una vez confirmado que funcionaba, se empezaron a exportar ranas africanas a todo el mundo, una variedad que al parecer puede portar un hongo que no le afecta, pero que es mortal para otros anfibios que entren en contacto con él. Y ahora un tercio de estos animalitos a nivel global está en serio peligro.

Hasta aquí, la responsabilidad humana.

Pero conviene depurar también la parte de responsabilidad imputable a la naturaleza. Que además de no dotar a los anfibios de un sistema inteligente de inmunidad contra esa amenaza, ni siquiera les brinda la facultad de percibir los cambios a los que deben adaptarse, algo esencial para la supervivencia.

Es conocida la forma de cocinar ranas vivas. Al ser animales de sangre fría, si las echas en un recipiente muy caliente, dan un brinco y escapan. Pero si las metes en agua fría que luego se calienta a fuego lento, las ranas no notan nada y terminan cocidas.

Aunque parezca una forma absurda de morir, recuerda mucho al cambio climático del que tanto se habla últimamente.

Trataré de venderle el símil a Al Gore.

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Posiblemente Dios no existe

Esto dicen los Ateos Catalanes, asociación que ha conseguido reunir 1.000 euros para invertirlos en dos autobuses que exhibirán durante 15 días este slogan tan ambiguo.

«Ahora, deja de preocuparte y disfruta de la vida», cierra el claim. La verdad es que el arzobispado de Barcelona lo ha clavado cuando ha afirmado: ‘La fe en Dios no es motivo de preocupación’, y es que los librepensadores parece que dudan de la existencia de Dios, pero no de que esto sea causa de la pesadumbre humana.

En esto, aparece en escena la Iglesia Evangélica de Fuenlabrada (lo que no pase en esta bendita ciudad, no pasa en ningún sitio), de cuyas prácticas y costumbres, la verdad, no sé nada más que lo que el propio pastor ha apuntillado en la radio: «Nosotros no hacemos misa, rendimos culto de adoración», o algo parecido. Y resulta que en previsión de que esta campaña atea llegase a España, se les ocurrió poner publicidad en autobuses con el eslogan ‘Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo’.

Primera conclusión: si te vas a meter con una religión, mejor que vayas con más de 1.000 euros en la cartilla.

Segunda: se nota que el librepensamiento, aunque con menos recursos que cualquier Iglesia, saca más partido. La repercusión de sus 1.000 euros en medios de comunicación que cobran 5.000 euros por inserción ha convertido su campaña en el milagro de los panes y los peces.

Y tercera, última y optimista conclusión: Qué bueno resulta el pique entre estos antagonistas de la sociedad española para devolver los fondos conseguidos a las arcas públicas, que somos todos. A ver si cunde el ejemplo.

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Micropolix, ocio educativo

En esta mini-ciudad, los niños pueden ser presentadores de un programa de televisión, cuidar a los bebés recién nacidos en la Maternidad o cobrar en las cajas del supermercado donde otro niños compran en eurix, la moneda oficial.

Por fin a alguien se le ha ocurrido la idea de poner a currar a los chavales de 5 a 13 años. Mano de obra barata y sin poder sindical.

Leyendo en su página web: «ya era hora de que tuvieramos una ciudad para nosotros, donde elegir lo que queremos hacer y movernos con total seguridad», casi parece más un discurso de Fidel que un parque temático infantil, ¿no?

Decían los jesuitas que «Cuando son jóvenes, las posibilidades son infinitas. Y los inventores del experimento seguro que son conscientes de ello.

En definitiva, una buena iniciativa en tiempos de crisis, para que los más pequeños se vayan acostumbrando a dar el callo y ser productivos.