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Requiem por Chema

Ha muerto Chema, el panadero de Barrio Sésamo.

Aquel rubito de delantal que estaba casado con Espinete (sí, como lo oís, estaba casado con Chelo Vivares, la mujer que encarnaba al simpático erizo) y que siempre llevaba la ropa manchada de harina nos ha dejado.

Su nombre real era Juan Ramón Sánchez Guinot y formó parte de esa fantástica coral que reunió a Ana (no se ha vuelto a saber de ella), Antonio y Matilde con sus hijos (a Ruth Gabriel la hemos conocido en profundidad en posteriores películas) y el kioskero Julián, que lo mismo te vendía un sobre de cromos como un bote de pepinillos.

Y por supuesto, Don Pimpón, un personaje que a pesar de los años mantiene el misterio de su naturaleza. Muchos dicen que era un ave, pero creo que porque estaba hecho un pájaro más que porque se parezca. En wikipedia especulan con que fuera un búho amazónico o un hurón. Fuentes más cercanas dicen que era un oso, aunque siguen sin aclarar si compraba la ropa en el Carrefour.

Bueno, y qué más puedo decir de este fántastico personaje que fue Chema. Colgó el mandil y colaboró en algunas series españolas y con Almodóvar. También hizo una película con Uma Thurman: «Donde está el corazón» se tituló.

Y el jueves pasado murió, con 51 años, víctima de un cáncer de pulmón. Descanse en paz.

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Se equivocó Lineker

Se equivocó cuando dijo: «El fútbol es un juego que enfrenta a once contra once y en el que siempre gana Alemania».

Aunque tenía claro quien gana a este deporte, hoy no han jugado contra 11. Han sido 10 los héroes de Getafe que han tenido contra las cuerdas a los teutones, a los que un locutor definió perfectamente en cierta ocasión con la frase: «Al tercer bostezo, gol de Alemania».

Es la eterna lucha del fútbol entre juego vistoso y práctico. Y ambos defienden su doctrina con el argumento de que es la mejor forma forma de ganar. Italia tiene 4 mundiales. Brasil 5.

En el deporte, como en la vida, hay cosas más importantes que ganar. Y hay derrotas que saben a victorias.

Y en el deporte, como en la vida, hay que saber retirarse. El Bayern de Munich acabó el partido sin cancerbero bajo la portería, pero no se notó la diferencia. Un portero que no para nada, sirve menos que un árbitro que no pita nada.