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Napoleón vs Rasputín

Napoleón es considerado como uno de los mayores genios militares de la Historia, habiendo comandado campañas bélicas muy exitosas, aunque con derrotas igualmente estrepitosas.

Rasputín, o «el monje loco», fue un místico ruso con una gran influencia en los últimos días de la Dinastía Románov.

Pero la historia tiene múltiples puntos de vista, y desde otro prisma más actual, el valor específico con el que se mide a estos dos protagonistas del panorama histórico europeo reside en tamaño de su pene: mientras el del emperador francés medía 4,1 cm. (2,56 leeréis, pero yo creo que eso es lo que queda tras el corte durante su autopsia), el del monje medía 31 cm.

El valor económico, evidente, también difiere: en 1999 se vendió el miembro de Napoleón por 4.000 dólares en una subasta y John Lattimer, un urólogo estadounidense recientemente fallecido, se convirtió en su nuevo propietario. El pene de Rasputín fue comprado por 8.000 dólares, después de comprobarse que efectivamente se trataba del miembro viril del monje. Actualmente se exhibe en el museo erótico de San Petersburgo.

Desde luego, manda cojones. Que a uno de los hombres más poderosos de la historia se le termine recordando como aquel cuyo desorden endocrino limitó el crecimiento normal de sus genitales, le hace a uno replantearse los objetivos vitales. Y la incineración.

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El himno más corto de la historia

Pues si. Parece que estamos un himno que ha durado menos de lo que canta un gallo (español, claro).

Poco días después de haberse filtrado la noticia a un periódico de tirada nacional, el presidente del COE Alejandro Blanco anuncia para mañana miércoles por la mañana una rueda de prensa «importante». Lo va a retirar.

Y es una pena, porque al principio tenía buena pinta. Cuando lo oí por primera vez, me gustó francamente. Sencillo y fácil de aprender. Pensé que el concurso había sido un éxito.

Aunque eso sí, cuando presentaron al ganador, me quedé de piedra. No era el tierno infante que me había imaginado. El concurso no era infantil. El premio no era material escolar. Se trataba de un parado de 53 años que escribe en sus ratos libres. Y lo del himno iba en serio.

Esto hace replantearse la modalidad «open», que tanto ha fructificado en Estados Unidos, donde cualquiera puede participar y ganar a las «vacas sagradas». El prototipo del sueño americano. Esto en el golf está bien, pero en temas tan subjetivos y delicados lleva a chapuzas como esta.

En un país como este, con sus incontables defectos y paradojas, si de algo podemos presumir es de contar con los mejores y más insignes hombres de letras que en mundo han sido. Y siguen siendo…

Dicen que basta medio millón de firmas para que el texto sea aprobado por las Cortes Generales como iniciativa legislativa popular. ¿Y por qué no recoge alguien firmas para olvidarse de este himno? Yo doy la mía.

Si así es como piensan vestir al himno, mejor que se quede desnudo. ¿O no?